Esta semana he tenido dos problemas con el transporte público. El miércoles se estropeó el metro y el viernes, los ferrocarriles.
Lo del metro me pilló en el andén de mi estación, era por la mañana e iba hacia el trabajo. Por megafonía lo único que decían es que “Por causa de una avería, el servicio de metro en la línea 1 se encuentra parado. Les mantendremos informados”, pero esa era toda la información que daban. 20 minutos después habían restablecido parcialmente el servicio, funcionaba desde Fabra i Puig (dos paradas más allá de la mía). Pensé en tomar un autobús, pero tengo un problema con los autobuses, y es que en ninguno pone el recorrido que hace ni se anuncian las paradas, así que me pone nerviosa coger uno para un trayecto que no conozco. Minutos más tarde informaron de un autobús que iba a Fabra i Puig, y pensé en probarlo, pero antes preguntaría si había alguno que fuera directamente a Plaza Catalunya, y así me ahorraba otro transbordo y el agobio de gente. Pero nada más subir por las escaleras, anunciaron que la línea 1 funcionaba con normalidad, así que volví a bajar. Meeeec! Error. Porque dejando aparte que el metro tardó otros 10 minutos en venir, iba llenísimo. Y en cada parada subía más y más gente, y mira que he ido veces encajada como en una lata de sardinas, pero no había ido tan apretada en mi vida. Me costó salir en mi parada y casi pierdo el Shuffle en el intento.
El mismo miércoles, al volver a casa, comentaba con Cristina que por suerte los ferrocarriles no suelen estropearse, porque por Barcelona aún tienes otras alternativas para moverte hasta Plaza Catalunya, pero los ferrocarriles son la única manera de ir a la oficina en transporte público. Antes lo digo…
El viernes fue al salir. Cristina no venía porque había ido a una reunión a Barcelona y ya no había vuelto, pero íbamos Bob el Silencioso (aunque ya no es taaaaan silencioso), otra chica de Sant Cugat y yo hacia la estación, y en el último tramo (de bajada), vimos un montón de gente delante de la estación, con ambulancias, un camión de bomberos y coches de los Mossos. La estación estaba cerrada, el servicio cortado (la causa estaba clara, Bob y la otra chica se fueron a un sitio alto a ver si podían ver algo pero yo no soy tan morbosa :S) y todo lo que nos dijeron es que en 20 minutos vendrían unos autobuses a recogernos. Pasó media hora y nada. A esas alturas ya habían venido a recoger a nuestra compañera (es lo que tiene vivir cerca), y el padre de Bob también había quedado en venir (de Santa Coloma, algo más lejos), Bob se ofreció a llevarme pero yo había quedado para comer con Salva. A las 15h (ya llevábamos casi una hora allí) abrieron puertas y dijeron que se había restablecido el servicio, me despedí de Bob y entré. El tren todavía estaba a medio entrar en la estación, y la mayoría de la gente se asomaba al andén a ver si veía algo (es de suponer que ya lo habrían sacado, si no no nos habrían dejado entrar, aunque por la puerta principal no fue). Finalmente el tren en lugar de acabar de entrar se fue por el otro lado, y tuvimos que esperar unos 20 minutos a que por fin llegara otro. Una cosa curiosa es que por megafonía anunciaban que a causa de una avería, los trenes funcionaban fuera de su horario habitual. Espero que no todas las averías que se anuncian sean como ésta!
El tren también iba lleno, pero me sorprendió… que los pijos (Sant Cugat es considerada una zona de ricos, por Valldoreix donde trabajo todo son mansiones con piscina) son más educados! Porque si llegábamos a una estación y los que esperaban veían que no cabían, no intentaban entrar! Y es que en el metro, lo importante es entrar (ya no hablemos de que la gente no deja salir antes de entrar, es que en hora punta es la ley de la selva!).
Actualizado 15.01.07, 9:13: no había visto a los mossos tan cerca en mi vida y la semana pasada me tocó verlos dos veces, la primera el viernes y la segunda ayer para rematar la semana. Fuimos a denunciar que a Salva le habían roto el cristal trasero del coche para robarle una triste chaqueta. Afortunadamente eso fue todo lo que se llevaron, en el maletero no había nada (echaron el asiento hacia delante para acceder al maletero), pero da rabia igual. La visita a la nueva comisaría de los mossos de mi barrio fue bastante surrealista, con un primer mosso que se iba por las ramas y que nos dijo que estaban abiertos las 24 horas pero que ahora no podía denunciar (cómo se come eso?), y un segundo mosso que no sabía rellenar la denuncia y que tenía que pedir ayuda cada dos por tres.




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