Buenas, y feliz año. Todo bien? A ver si conseguimos hacer un post sin que se note que llevo dos meses sin escribir…

Iré directa al grano: no entiendo por qué la gente se empeña en poner de vuelta y media cosas que ni conoce, ni ha usado ni piensa tener en la vida. Desde el caso hablar sin tener ni puñetera idea, hasta el me he atrincherado en un “bando” y de ahí no salgo, porque he ido tan lejos que quedaría mal echarme atrás. Yo creo haber estado cerca de ambos extremos con Twitter (creía que era una cosa sin tener ni puñetera idea porque no lo había probado, y llegó un punto en que no tener Twitter era casi más una cuestión de honor, de mantener mi postura, que de falta de interés), aunque creo que de manera no enfermiza (no iba pregonando por ahí la mierda que era Twitter) y llegado el momento supe abrazar a Twitter. Y ahí estoy, pero eso es otro borrador pendiente otra historia.

Lo que pretendía decir es que entiendo lo que se siente yendo a contracorriente, que en un mundo donde todo el mundo alaba a X, si a ti no te entusiasma es fácil caer en la exageración y, en lugar de simplemente decir que no te gusta, criticarlo como si el consumo de X fuera obligatorio y a ti te estuvieran haciendo una gran putada. Pero uno tiene que darse cuenta de que está asumiendo que su opinión es universal, y rectificar. Otro ejemplo es Lost, a mí no me gusta (vi la primera temporada completa, luego no he seguido) pero no voy por ahí diciendo a la gente que Lost es una mierda. Simplemente a mí no me va, pero el mundo no sería un lugar mejor ni peor si no existiera Lost (esto lo comprobaremos en unos meses, cuando acabe :P), y afortunadamente tampoco me obligan a verlo, ignorarlo es taaan fácil (incluso ahora que hay tanto hype).

Un compañero de la oficina es un friki de los ordenadores, sabe un montón de componentes porque se monta sus propios PCs, y le encanta, disfruta con ello. Un día, hace ya mucho, salió en la sobremesa el tema de los Macs, él no sabía nada del tema y se puso a preguntarnos a otra compañera maquera y a mí, que si existen versiones de los programas típicos para Mac, que si hay suficiente oferta de programas, que qué componentes llevan las máquinas (nuestra respuesta era básicamente “ni lo sé ni me importa”), que si puedes actualizar los componentes (ambas tenemos un iMac, el suyo blanquito y el mío Alu… se quedó flipando con el concepto “ordenador en pantalla”)… todo esto, desde el desconocimiento y la curiosidad sincera (cosa que no es muy común, normalmente la gente asume tópicos y los repite como loros). Ante el tema de la actualización de componentes, ya le quedó claro que un Mac no es para él, porque Apple es una compañía cerrada que fabrica un hardware cerrado al que no permite acceso (más que para ampliar memoria y alguna otra cosa en algunos casos). Por supuesto, puedes abrirlo y hacer lo que quieras con él (que para eso es tuyo), pero te cargas la garantía. Esto no es útil para él, porque se pierde la parte divertida que es montar el PC. Pero para mí la parte divertida es usarlo, sin tener que configurarlo en exceso, así que un Mac es perfecto (no porque no se pueda abrir, sino porque no lo necesito, it just works). Yo no digo que los PCs clónicos sean una mierda, él no dijo que los Macs fueran una mierda, simplemente a mí no me va montarme mi propio PC (aunque lo he hecho, todos tenemos un pasado :P) y a él no le van los PCs herméticos. Cada producto tiene su target.

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Llevamos ya 2 añitos en nuestro pisito, pero hoy hemos sufrido lo que siempre habíamos temido pero no nos había pasado hasta ahora: dejarnos las llaves dentro de casa. Para evitar que esto se convierta en un drama, mi suegra tiene una copia de las llaves… pero esto no ayuda si donde has dejado las llaves es en la cerradura. Por dentro.

La cosa ha sido así: me levanto, me ducho, despierto a Salva, se ducha, desayunamos, cojo mis llaves, abro la puerta, salgo, llamo al ascensor, Salva cierra la puerta…

Mierda! Me he olvidado las llaves!

Mientras caminaba de nuevo hacia la puerta y metía la llave en la cerradura, ha pasado por mi cabeza a cámara lenta la imagen de mí misma saliendo por la puerta 2 minutos antes… viendo las llaves de Salva en la cerradura. Obviamente, mi llave no entraba completamente ni podía girarla. Desesperación. Qué hacemos?

Íbamos justos de tiempo para llegar al trabajo, así que hemos decidido irnos y ya tendríamos todo el día para pensar soluciones. La obvia, llamar a un cerrajero. Pero a cuál? Cómo buscar uno en Mataró desde Barcelona/Sant Cugat? Por internet? Estaba muuuy cabreada, porque además había quedado para comer con una amiga a la que hacía un montón que no veía y no quería cancelarlo, y Salva no sabía a qué hora podría escaparse del curro, y no me hacía gracia tener la puerta así todo el día… al fin y al cabo, no estaba cerrada con llave, y oyes muchas historias sobre ladrones que te entran en casa por la noche si no has echado la llave y te lo roban todo mientras duermes.

Cuando nos hemos separado (yo iba a los FGC y Salva seguía en Renfe hasta Sants), se me había pasado un poco el cabreo y lo he twitteado. Enseguida varios usuarios me han sugerido que antes de llamar al cerrajero, probáramos nosotros mismos a abrir la puerta. Sí, amigos, lo de abrir puertas con una tarjeta de crédito no es sólo de película. Después me han dicho que era más fácil con una radiografía que con una tarjeta de crédito, he googleado y he leído un montón de historias de gente que se ha dejado las llaves dentro y viene el conserje o un vecino y abre la puerta con una radiografía. Amazing.

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Hace 4 años escribí un post con el mismo título que éste, pero no tiene nada que ver. O sí. Lo de hoy pretende iniciar una serie de posts que me obliguen a escribir, aunque sea muy de vez en cuando, qué es de mi vida, que tengo el blog muy abandonado.

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Sigo en el Cliente por las mañanas. Llevo un año y un mes (se cumplirán el jueves que viene… sí, llevo la cuenta al día, como si fuera una condena), 7 meses más de lo máximo que se me prometió. La última vez que tuve ocasión de quejarme fue justo en el primer aniversario, el 15 de septiembre, con mi tutora (aka ex-jefa). Su respuesta fue halagadora pero negativa para mí: están buscando a alguien, pero se trata de un cliente importante y no pueden enviar a cualquiera, tiene que ser alguien con suficiente conocimiento técnico y en quien confíen; yo conozco muy bien al Cliente y además tengo buena base técnica y conocimiento de la metodología de la empresa, así que buscar un sustituto es difícil. En fin.

El caso es que un daño colateral que llevo sufriendo todo este año es la sensación de estar en ninguna parte: la mañana la pierdo en el Cliente, por lo que sólo tengo poco más de 2 horas y media por la tarde para dedicarme a otra cosa. Esas 2 horas y media son insuficientes para asumir un proyecto, por lo que llevo un año haciendo parches: una semana estoy mano sobre mano y la siguiente alguien necesita ayuda para algo y me piden horas extras (ellos lo llaman sobreesfuerzo :P). Y lo odio.

Luego en la review de diciembre dirán que no cojo responsabilidades, pero claro, si me tienen como junior de primer año qué responsabilidades quieren que coja? Porque desde luego, las que cojo en el Cliente no parece que se aprecien: llevo muchos meses yo sola tirando adelante todo. Lo que se supone que tengo que hacer y lo que no (y se dan cuenta ahora, pese a que yo he ido avisando). Tengo ganas de ver qué me dicen este año, desde luego será un punto de inflexión. En la review del año pasado callé demasiado, quizás todavía llevaba poco tiempo y todavía creía que lo de los 6 meses podía ser una realidad, este año serán 15 meses, otra subida de 13€ amparándose en la crisis no cuela. Pero en fin, corramos un estúpido velo.

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En mi familia nunca se ha celebrado el santo. Sí es cierto que mi madre estuvo a punto de llamarse Ana por nacer el día de Santa Ana (26 de julio), esto es algo que se estilaba mucho por Galicia (aunque al final la llamaron Carmen :P), pero si no es por la coincidencia cumpleaños-santo, celebran más el cumpleaños que el santo. Y en Salamanca, de donde es mi padre, la cosa es parecida, así que en casa siempre hemos celebrado los cumpleaños (algo que a mí siempre me hace ilusión) y pasado bastante de los santos (de hecho, ni siquiera sé cuándo es el santo de mi padre, y el de mi madre lo sé porque cae cerca de su cumple: el 16 de julio).

En Catalunya en cambio es tradición celebrar el santo, incluso más que el cumpleaños. Cosa que nunca he entendido, porque el santo es un día que alguien puso ahí con un nombre, y tus padres decidieron ponerte ese nombre, tú no pintas nada en eso. En cambio el cumpleaños es una celebración del día en que tú decidiste venir al mundo, para mí tiene más gracia 😛

Pero bueno, que cada uno celebre lo que quiera, a mí lo que cada año me sorprende es que el 24 de julio (que es Santa Cristina, por si no lo sabíais :P) venga gente y me felicite. La mayoría de las veces ni siquiera me acuerdo de que es mi santo, y flipo durante unos segundos hasta que caigo en la cuenta. Este año fue más raro, porque un día antes Salva me envió un SMS diciendo que su hermano quería traerme un regalito y que vendría al día siguiente por la tarde. Yo me quedé pensando… un regalo? Por qué? No recordaba que hubiera ido de viaje recientemente como para haberme comprado un souvenir… respondí al SMS preguntándole a Salva por qué, y me dijo… porque mañana ES TU SANTO!

Le dije a Salva que por qué no invitábamos a los cuñaos a cenar, y así estrenábamos la terraza este año, que la tenemos bastante abandonada (básicamente porque con las obras de al lado, ya podemos limpiarla que al cabo de pocos días vuelve a estar hecha un asco :S).

Pere i Natàlia

Los muy malvados no me trajeron sólo un regalo, sino dos: para empezar, una caja de Jelly Bellies de 20 sabores, como la que compramos una vez en Harrods… por lo visto las tienen en una nueva tienda de chuches de Mataró… así que ahora tengo un sitio bien cerquita para aprovisionarme! 🙂

El segundo regalo fue una funda para el iPhone (en rojo). Desde que lo tengo (hoy ha cumplido su primer mes, felicidades Six!) he venido usando la Maya de Proporta, que me cedió Salva porque él usaba la Gorilla que le enviaron para analizar en Applesfera, a falta de comprarme una funda para mí. Y precisamente, estuve mirándome las more-thing y me gustaron bastante. Ocupa algo más que la Maya o la Sena (no mucho más, puedo llevarla en el bolsillo del pantalón sin que me estorbe en absoluto), pero tiene algo que no tienen las otras: robustez (pese a ser también de piel, es más rígida). Por dentro está recubierta de un material suave que también limpia el iPhone al sacarlo, mooola!

En la terraza se estaba de muerte, corría una brisa muy agradable. Para cenar, Salva se curró una ensalada de primero, riquísima, y de segundo yo preparé un tartar de salmón, que también quedó delicioso. Todo muy veraniego 😛

Tartar de salmón

Como no me dio tiempo a preparar ningún postre (es lo que tiene improvisar la cena :P), el señor Frigo vino en nuestro rescate con la típica tarta helada. Después nos hinchamos de comer Jelly Bellies (hay que ver qué ricos están, y cómo están de conseguidos los sabores… es difícil quedarse con uno, pero mi preferido es el de melocotón, nyam!), y Salva abrió una botella de un ron venezolano (Santa Teresa) que le había traído un compañero en Navidad (el chico es de allí, y fue a visitar a la familia), y que como a mí no me gustan los licores no había abierto hasta ahora. Natàlia lo probó, yo lo olí (es mi manera de probar los licores :P, reconozco que éste olía bien), y entre Salva y Pere se pimplaron, entre charla y charla, casi toda la botella.

La sobremesa estuvo muy divertida, hablando un poco de todo. Eran las 2 de la mañana y ya estaban diciendo que se marchaban, cuando Pere pronunció las palabras mágicas: “jugamos a algo?”. Y es que yo nunca rechazo la oportunidad de jugar a un juego de mesa, sobre todo si se trata de cartas o dados. Y para mayor alegría mía, accedieron a jugar al Mus (hacía siglos que no jugaba!). Así que saqué mi arsenal (amarracos del Campillo incluidos :P), enseñamos a Natàlia a jugar y nos pusimos a ello, chicos contra chicas.

Mus

Por supuesto, ganamos las chicas, y por goleada. En la primera vaca, iban ganando ellos hasta el punto de que nosotras tuvimos que empezar a hacer órdagos a la desesperada (treinta y pico piedras a veintipico, íbamos a 40 piedras). Pero al final acabamos ganando sumando puntos xDD. La segunda y tercera vacas ya fueron más de paliza. Entonces habíamos ganado la partida (al mejor de 5 vacas), pero quisimos jugar otra vaca, la de la dignidad. Adivinad quién no recuperó la dignidad perdida :P. Esta vez fue de órdago, un órdago suyo que Natàlia aceptó, con un par (bueno, con un trío de grandes :P).

Entre el ron, la charla y el Mus se nos hicieron… las 4 de la mañana! A esa hora sí que se fueron, que al día siguiente iban a Port Aventura… pero fue una noche estupenda, me lo pasé en grande, gracias chicos!

Llegó el día de abandonar los 3^3 y recibir a los 2^2*7. 28 no es un mal número, pese a ser par tiene al 7 como divisor. Lo realmente malo del 28 es que está más cerca de los 30, pero qué se le va a hacer, el tiempo pasa hagas lo que hagas.

Este año tenía la esperanza de no tener que pasar mi cumple sola como el año pasado… pero el fúngol y la Champinyons se cruzaron en mi camino cuando programaron la final para el día de mi cumpleaños. Teniendo un novio fungolero, la cosa no pintaba bien. Y aunque yo suelo ser bastante zen con el tema del fúngol (a mí no me gusta, pero no me molesta que cada uno muestre su afición como la sienta), que me toquen mi día provoca que me acerque al radicalismo de Lord Zoltan.

Primero, Salva no quería perderse la final por ir a cenar conmigo. Después de arduas negociaciones, hace un par de semanas llegamos a un acuerdo satisfactorio para ambas partes: él iría al bar con los amigos, vería la primera y la segunda parte del partido y se iría a las 23h hacia un restaurante de Mataró para cenar conmigo. Si el partido se resuelve en los 90 minutos reglamentarios, kein problem; si hay prórroga, tendría que perdérsela. En todo caso, en la cena no se habla de fúngol (el resultado lo sabré por los pitidos o no de los coches :P).

El siguiente tema a tratar era el lugar donde celebrar nuestra cena tardía. Tenía que ser un sitio céntrico, un punto medio entre nuestro piso y el bar donde van con los colegas a ver los partidos. Tenía que ser un sitio que nos gustara, que fuera especial (no quería ir al japo cutre) pero no muy caro (que seguimos en economía pre-Japón)… al final acordamos ir a L’únic, un restaurante que han abierto hace poco al que fuimos para el cumple de Christian y que nos gustó bastante.

El domingo pasado llamé a L’únic… sin respuesta. El lunes lo volví a intentar… sin respuesta. Ayer lo intenté al mediodía:

[Cris] Hola, quería hacer una reserva para 2 personas, para mañana miércoles a las 23h.
[L’únic] A ver… pero… mañana… es 27… es la Champinyons!
– Sí, y?
– Es que mañana cerramos, por la Champinyons. A partir del jueves ya abrimos normalmente. [y a mí qué, yo quería mañana!]

Quizás soy muy inocente, pero nunca pensé que el país se paralizaría por un maldito partido de fúngol. Me puse histérica, se lo comenté a Salva por twitter, él me propuso otro sitio bastante chulo, llamé y me saltó el contestador diciendo que cerraban martes y domingos todo el día. Pasaba de esperar a hoy para saber si también eran fungoleros y seguimos buscando opciones.

La siguiente opción fue el Caminetto, un italiano al que sólo hemos ido una vez pero que nos gustó:

[Cris] Hola, quería hacer una reserva para 2 personas, para mañana miércoles a las 23h.
[Caminetto] A ver… mañana… podríais venir antes?
– No, no podemos. A qué hora cerráis?
– Cerramos a las 23h, pero es que… mañana… es la Champinyons, a lo mejor cerramos antes, no creo que se queden para esperar a 2 personas.

Mi ira crecía por momentos. A la mierda! Llamé a una opción que había descartado previamente por no ser especial (está todo muy rico, pero es en plan torrades, quesos y embutidos, quería algo más pijo :P), La Lluna:

[Cris] Hola, quería hacer una reserva para 2 personas, para mañana miércoles a las 23h.
[La Lluna] A ver… mañana a las 23h, 2 personas. Ei, mañana es la final de la Champinyons!
– Sí… estaréis abiertos?
– Sí, sí… tendremos el partido puesto, claro.
– Bueno, a las 23h esperemos que ya haya acabado!
– Sí, esperemos que el Barça ya haya ganado, no?
– Jeje, sí. [yo lo que quiero es cenar, el resultado me da igual!]

En fin, ha costado pero al final tendremos una velada especial, tal como yo quería (espero que no se tuerza nada más!). Salva ya me hizo su regalo anoche, un EyeTV Diversity que viene a sustituir a nuestro malogrado Hauppauge (el truco de la conexión en caliente dejó de funcionar en Semana Santa: cada vez que se enfriaba necesitaba más calor para arrancar, y esta vez no revivió ni dejándolo entre 2 discos encendidos más de 24 horas). Lo malo es que no funciona del todo bien, no sabemos si por defecto del aparato o por la última versión del EyeTV (aunque la del DVD es más antigua y tampoco funciona, y creo recordar que con el Hauppage sí funcionaba), el caso es que en algunos canales, la “calidad de la señal” se pone a oscilar (más bien saltar) entre 0 y 40%, y no reproduce el canal (aunque sintonizarlo, lo sintoniza perfectamente). Pero bueno, lo que mola es la intención, si no funciona se cambia, y… welcome back, TeleMonegal! I missed you 😉

Este viernes lo celebraré con mis amigas (tengo que reservar en un chiringuito del Paseo Marítimo de Mataró, espero no tener tantos problemas!), y el domingo vienen mis padres a comer a casa.

Actualizado 30.05.2009: gracias a todos por las felicitaciones (copiándole la idea a Pepe Ortuño he recogido las de twitter en una imagen). La celebración del miércoles estuvo bien, aunque me sentía un poco observada en el restaurante (estábamos completamente solos xD). La de ayer también, mis amigas me regalaron un neceser y un minilibro de japonés, mooola! Esta noche lo celebramos con los amigos de Salva, y mañana como decía el otro día con mis padres.

Aunque este año voy a ir escasa de vacaciones (entre las 2 semanas que me obligan a hacer en agosto y las 2 que me pillo en septiembre para ir a Japón me las pulo casi todas!), la semana que viene gastaré los 2 días que me sobraron el año pasado… Salva tiene toda la semana (días compensados, que les llaman en consultoría: 1 semana por Semana Santa y 1 semana por Navidad), pero yo no sobreviviría sin tener un par de días por Navidad, así que me he cogido los justos para el viajecito que tenemos pensado.

Así que esta semana no hago vacaciones, pero va a ser movidita: mañana he quedado con los Pochamen (en el Origginals, para variar), que hace tiempo que no nos vemos, así que llegaré a casa bastante tarde… el miércoles cenaré mis tradicionales Ficco en El Italiano de Port Balís para celebrar un aniversario especial, y el jueves toca hacer la maleta…

Y desde el viernes hasta el miércoles que viene estaremos en Salamanca… nos vamos al pueblo (Navalmoral de Béjar), a que Salva conozca a la familia de mi padre, a ver la casa nueva de mi abuela (la antigua se quemó hace 3 años y medio… precisamente entonces ya nos habíamos planteado este viaje) y a hacer un poco de turismo por la zona: Salamanca, Guijuelo, Béjar, Candelario, Ciudad Rodrigo, La Alberca, Plasencia…

Me apetece mucho este viaje, porque podré desconectar, ver a la familia y todo eso, pero por otro lado no me gusta pensar que no voy a descansar (y lo necesito), y sobre todo, lo que menos me gusta es que creo que estoy incubando un resfriado (ahora mismo estoy con un dolor de cabeza horrible) que como dirigido por Murphy asomará la cabeza el jueves por la tarde.

Ficco

Hoy es un día especial. Y no, no es por el coñazo del desfile (Rajoy dixit), sino porque ya hace un año que vivo en Mataró, ergo con Salva.

Ayer lo celebramos en nuestro italiano preferido, El Italiano de Port Balís, con una botella de Lambrusco. Yo, como siempre, fui fiel a mis Ficco (saquitos de pera y gorgonzola, deliciosos!), Salva pidió una pizza espectacular.

Nada más llegar al restaurante, Salva lo twitteó desde el iPhone. Después, cuando me trajeron los Ficco, se lo cogí y saqué la foto que ilustra este post (ya lo sé, la calidad es fatal, pero ya sabéis que el iPhone no se lleva bien con iluminaciones románticas :P), la subí a su Flickr con Flickrup y le edité la descripción y las tags. Cualquiera que nos viera enganchados al móvil pensaría que pasamos el uno del otro, pero no! Estábamos compartiendo el momento! 😛

Este primer año en nuestro hogar, dulce hogar ha sido genial. Los primeros meses tuvieron sus altibajos, sobre todo en cuanto a organizarnos con las tareas domésticas (se nos iba el fin de semana sin enterarnos) y la compra (normalmente iba yo un día entre semana, lo cual acababa agobiándome…), pero una vez establecidos, nos organizamos un poco mejor (por ejempo a la compra vamos los 2 juntos el viernes o el sábado, y me encanta hacer la compra!).

Con el rollo del aniversario de vivir juntos y el aniversario de salir juntos, ahora comeré Ficco 2 veces al año! 😛

Mi madre es una estupenda cocinera, creo que ya lo he dicho alguna vez por aquí. Con la comida del día a día, supongo que cada uno prefiere las cosas de la manera que siempre las ha comido en su casa, pero mi madre es un as de los postres. En mi casa nunca se ha comprado helado en el súper, los hacía ella. Y pasteles de cumpleaños, y pasteles con cualquier otra excusa, y galletas, y magdalenas, y croissants, y…

Yo pensaba que no había heredado esa afición, en parte porque como ella los hace tan bien, parecía difícil superarla, y en parte porque como a ella le encanta cocinar, yo me ahorraba el trabajo (aunque más de una vez le hecho de pinche, eh?). Pero cuando invité a mis amigos de la Universidad a cenar a casa, se me ocurrió preparar un pastel, para no ofrecer el típico postre comprado, así que le pedí a mi madre una receta facilita, y salió el pastel de queso (con su momento de pánico incluido porque mi horno es una mierda y la masa tardó en subir tres veces más de lo indicado en la receta… luego he descubierto que le pasa sólo con ese pastel, que no lleva apenas harina, con el resto respeta los tiempos).

Desde entonces, de vez en cuando cuando voy a casa de mis padres le pido a mi madre alguna receta facilita, para ocasiones especiales (por ejemplo cuando vinieron mis padres y los de Salva a cenar a casa les hice el bizcocho de plátano). Mi madre saca una de sus libretas de recetas (la que pone “Bizcochos y galletas”), con su letra ilegible y su total ausencia de signos de puntuación (es entrañable), buscamos algo que me llame y yo me apunto la receta a mi manera.

Pero últimamente no necesito ocasiones especiales, hay días en que simplemente me apetece preparar algo. Es más, cocinar me relaja porque hace que durante un rato me olvide de otras cosas y me concentre en que aquello me salga bien.

El martes mis padres estuvieron en Barcelona (de momento siguen viviendo en Cunit, creo que la semana que viene ya volverán a establecerse en Barna) y aproveché para ir a verles, yo estaba agobiadísima por el trabajo (principalmente por esto, pero el martes se juntaron otras cosas) y me desahogué cuanto pude, ellos aguantaron el chaparrón e intentaron animarme, y cuando estaba a punto de irme, me acordé de la libreta y pensé que me iría bien preparar un pastel para relajarme (como ayer era festivo en Barcelona tendría tiempo de prepararlo). Mi madre me sugirió un pastel de manzana y yo todavía no entiendo cómo, con lo que me gustan las manzanas, todavía no había preparado ninguno, así que lo apunté rapidito, y ale, ayer tocaba fotoreceta nueva.

Pastel de manzaaaaana!

Aitor, no sufras, que Eva Arguiñano siempre dice que los postres caseros no engordan 😉

En este piso no porque como decía, el horno es una mierda (venía en el paquete), pero en nuestro futuro piso 2.0 (tranquilos, de momento ni existe :P) pienso poner una cocina como Jobs manda, con su buen horno (cómo me pone la pirólisis! :P), su vitrocerámica decente, su gran encimera… y pienso volver a hacer galletas y atreverme con más cosas… Por cierto, de la cocina diaria se encarga el vecino, que es un artista! (en el trabajo todos me envidian porque aunque me he independizado, me siguen preparando la comida del tupper… ains, qué mono es mi niño!)

Este agosto ha hecho 10 años que no me hablo con mi hermana. No recuerdo el día exacto, pero fue el último verano que pasamos en el camping de Cubelles (al año siguiente mis padres compraron la casa de Cunit, el pueblo de al lado… les gustó la zona). Tampoco recuerdo el por qué de la discusión que acabó con todo (lo poco que había), no era nada fuera de lo normal (unas trampas a las cartas o al parchís, seguramente), sólo que esta vez no hubo reconciliación (entre muchísimas comillas, porque lo que había normalmente era un sometimiento por mi parte para poder jugar a ser hermanas), la cosa se quedó así… y han pasado ya 10 años.

Alguna vez he comentado el tema por aquí, de pasada, y la gente no suele entenderlo (desde pequeña me habían dicho que “de mayores, ya os arreglaréis”, pero ese momento no ha llegado nunca), muchos te dicen que “al fin y al cabo, es tu hermana”… pero como le dije a auster hace un tiempo, en este caso es la hermana menor la que siente odio, celos o lo que quiera que sea… Mi madre me ha explicado muchas veces que cuando yo iba al cole y ella todavía no (tiene 3 años menos), cuando tocaba venirme a buscar después de estar de paseo con ella, pataleaba para evitar que viniera.

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De pequeña me encantaba ir a la peluquería: que me lavaran el pelo, me lo cortaran (me quedaba embelesada viendo trabajar a la peluquera) y luego me lo peinaran. Tenía un pelo rebelde, así que el día que iba a la peluquería era un día especial, porque durante un par de días tendría un peinado de peluquería! Crecí y entonces ya no me gustaba tanto, mi pelo se tranquilizó y las peluqueras se empeñaban en darme volumen (y parecía que llevara un tupé de los 80, qué horror!).

Llevaba unos 4 años con el pelo corto cuando el año pasado decidí volver a dejármelo largo. El problema del pelo corto, por muy cómodo que sea, es que hay que ir a la peluquería frecuentemente, y aparte de que da una pereza enorme, nunca quedaba contenta con el resultado. Iba a una cadena de nombre conocido (pero no me acuerdo de él :P), donde cada vez te atendía una chica diferente, y las últimas veces me tocó una estúpida integral que hizo con mi pelo lo que le dio la gana. Así que desistí del pelo corto. Con el pelo largo es más difícil que te hagan un corte horroroso, y no necesita tanto mantenimiento… aunque de vez en cuando toca repasarse las puntas. Ayer, después de 9 meses sin pisar una peluquería, probé en una de Mataró, de otra cadena más pijilla (de ésta sí me acuerdo el nombre, que fue ayer: Jean Louis David). Lo cierto es que fue toda una experiencia religiosa.

Llego, después de hacerme esperar sólo 20 minutos (que con el Mahjong del Touch pasaron rápido) me hacen pasar a una silla, un chico me da una ficha para que la rellene con mis datos y me planta un catálogo de cortes de pelo en los morros. Le digo que no, que sólo quiero cortarme las puntas. Después de un rato viene otra chica y me pregunta qué quiero hacerme. Se lo explico, y me dice: “muy bien, ahora mismo te hago el presupuesto”. Anonadada me quedé. Es la primera vez que me hacen un presupuesto en una peluquería! Lo bueno de esto es que la clavada la sabes de antemano, no te llevas sorpresas al final. En mi caso fueron 35 euros!! Por lavar, cortar y secar.

Me presenta el presupuesto, le digo que vale, me pone una bata de usar y tirar súper fashion y me dice que va a por la estilista (aka la chica que me cortaría el pelo, en lenguaje fashion :P) para explicarle lo que quiero. Jorl, ya podía habérselo explicado yo! Se lo explica y me deja en manos de la estilista, que me lleva al lavacabezas… que tiene asientos reclinables mediante un motorcito!

Ajusta el asiento, abre el agua, me enjabona, me aclara, me enjabona… y empieza a masajearme la cabeza. Si antes estaba anonadada, ahora no sé qué cara poner. La tía se pasa 5 minutos de reloj con el masaje, que si el cuello, la frente, la cabeza en general… lo mejor es al final, que se pone a darme unos toquecitos como en los masajes de verdad… no, si bien mirado no es tan caro, si te incluye un masaje capilar… xDD

De vuelta a la silla, empieza a cortarme el pelo… con una máquina de rapar. No, no voy al cero… el método es el tradicional, coger un trozo de pelo entre dos dedos, pero en lugar de pasar la tijera por la punta, pasa la máquina… mientras peinaba para coger el trozo de pelo no la paraba, y yo me temía un trasquilón, pero afortunadamente no pasó nada.

En definitiva, ayer fue una tarde un poco surrealista. Supongo que tardaré otros 9 meses en volver a cortármelo :S